Dormir poco o mal afecta a tu jornada laboral

Cuando hablamos de hábitos saludables lo primero que se nos viene a la cabeza es no fumar y tener una alimentación saludable. Incluso realizar ejercicio moderado en este concepto. Sin embargo, en pocas ocasiones pensamos lo importante que es dormir bien. Dormir poco tiene consecuencias sobre el estado diurno que repercute en nuestro grado de concentración y atención. Todo ello, por supuesto, conlleva efectos inesperados en nuestra jornada laboral.

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Dormir poco limita nuestra capacidad cognitiva

Conseguir una buena higiene del sueño es importante ya que la causa más frecuente de somnolencia excesiva durante el día son los malos hábitos de sueño, por insuficiente o por irregular. Hablaremos más delante de algunas recomendaciones para intentar mejorar la calidad de nuestro sueño.

Pero dormir bien no sólo consiste en dormir las horas suficientes, sino también que nuestro sueño sea reparador, de calidad. Que nos levantemos descansados y de buen humor. Mientras dormimos, nuestro cerebro fija los recuerdos y lo aprendido durante el día. También se repone del cansancio para permitir que nos concentremos, pensemos con claridad y reaccionemos con rapidez. Por el contrario, dormir mal se traduce en una disminución del rendimiento laboral y escolar. Además, aumenta el riesgo de sufrir accidentes.

En cuanto al estado de ánimo, la irritabilidad se vuelve mayor en las personas que tienen problemas para dormir. Y este hecho conlleva la consiguiente dificultad para las relaciones interpersonales. Además, la falta continuada de sueño predispone a sufrir estrés, ansiedad e, incluso, depresión.

Otras consecuencias de no dormir las horas suficientes

El sueño no se recupera. Cuando dormimos poco vamos acumulando un cansancio progresivo que, en algún momento, nos empieza a pasar factura. Pero, ¿cuánto es poco? Los especialistas coinciden en afirmar que dormir menos de 6 horas al día es poco. Y, este número de horas, acumulado durante un mes, produce una desregulación de los ciclos del organismo que genera desajustes físicos y mentales.

  • Sueño y peso. Hay estudios que aseguran que no descansar lo suficiente por la noche tiene consecuencias directas con el aumento del peso. En parte esto se debe a que quienes duermen menos de 6 horas pasan más horas despiertos. Además, los desajustes del sueño afectan al metabolismo de la glucosa.
  • Sueño y salud. Quienes duermen menos de seis horas por día están más expuestos a tener problemas de salud crónicos como obesidad, diabetes, enfermedades del corazón y alta presión sanguínea.
  • Estado de ánimo. Cuando dormimos menos, el cerebro está haciendo un esfuerzo extra para mantener la atención. Y, ese esfuerzo, se paga también a través del estado de ánimo. Nos volvemos más intolerantes y menos creativos. Tendemos a enojarnos con facilidad y nos volvemos más vulnerables a patologías como la depresión y los trastornos de ansiedad.
  • El cerebro está cansado. Quienes duermen poco tienden a cometer más errores que el resto. Nuestra atención, memoria y la consolidación del aprendizaje se ven afectadas.

Recomendaciones generales para dormir bien y rendir en el trabajo

Son varios los factores que influyen en la calidad de nuestro descanso. Conseguir mantener unos buenos hábitos al acostarnos es uno de los principales. No debemos olvidarnos tampoco el efecto que tiene no dormir lo suficiente en la capacidad de atención, la recuperación de la memoria y el aprendizaje. Por ello, es necesario seguir una serie de recomendaciones para dormir bien:

  1. Dejar el tabaco. La nicotina tiene efectos similares a los excitantes. Además, el sueño en fumadores se vuelve más ligero y fragmentado, con más despertares.
  2. Reducir o eliminar el café, el té y el chocolate. Todos ellos son excitantes naturales que elevan la presión arterial y el pulso, aumentan la actividad cerebral y la atención. Efectos que son incompatibles con el inicio de dormir.
  3. Reducir o eliminar el consumo de alcohol. Sobre todo, en horas cercanas a dormir.
  4. Revisar el dormitorio. Hay que conseguir eliminar o mejorar las variables ambientales perjudiciales. Que no haya ruidos, luz o que la cama sea incómoda.
  5. No forzar el sueño. Intentar quedarnos dormidos nos produce mucho nerviosismo y estos, a su vez, nos impedirán dormir. El sueño ha de ser un “dejarse ir poco a poco”. Permitir a nuestro sistema “desactivarse”.
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