La cinetosis, una desagradable compañera de viaje

Durante los meses de verano, es cuando más desplazamientos se producen. Los largos viajes hacia las playas o la montaña, en coche o en avión, pueden causarnos mareos.

Este tipo de malestar es conocido como el mareo cinético. Es una sensación desagradable de inestabilidad, acompañada de alteraciones digestivas y otros síntomas como bostezos, nauseas, sudores fríos, palidez e incluso vómitos. El mareo del viajero se produce normalmente en personas predispuestas.

Según el Primer Estudio Sociológico sobre el Mareo Cinético en España, más de seis millones de españoles se marean cuando viajan en un medio de transporte. Pero aunque los sufridores del mareo más populares sean varones, según los datos de este estudio, se muestra a las mujeres como las que sufren los traslados con mayor severidad -un 19% frente al 8% registrado entre los hombres-, amén de los ancianos, con quienes hay que tener sumo cuidado, ya que pueden padecer este trastorno incluso al salir de la bañera, y los niños de entre 2 y 12 años, a los que la cinetosis afecta en el 20% de los casos. A partir de esta edad la sensibilidad al movimiento se va reduciendo progresivamente, aunque no serán pocos los que tendrán que aprender a convivir con ello el resto de su vida.

El mareo, fiel compañero de viajes

Esa sensación desagradable conocida como mareo cinético tiene su origen en la zona del laberinto, un pequeño órgano situado en el oído interno y estrechamente relacionado con la sensación del equilibrio. Su misión es la de orientar en el espacio a la persona e informar al cerebro de su posición. Cuando viajamos, solemos ir sentados y aparentemente estabilizados, pero los ojos y nuestro cuerpo nos aportan datos contradictorios que transmiten sensación de movimiento. Este hecho genera confusión entre los tres sistemas de orientación: la vista, el equilibrio y los músculos. De este modo, y como consecuencia de la aceleración y desaceleración lineal o angular repetitiva, producida al viajar en coche, autobús o tren, así como del balanceo en el barco o el avión, se genera una hiperestimulación de este minúsculo órgano del oído interno. Confundido por los datos y las sensaciones que le llegan, reacciona activando los sistemas efectores del tracto gastrointestinal y los núcleos del sistema nervioso central, que se encargan de producir los molestos síntomas que hacen del viaje un sufrimiento interminable.

Principales síntomas asociados al mareo

  • Aumento del ritmo respiratorio
  • Aumento de la secreción de saliva (sialorrea)
  • Sensación de movimiento en la cabeza, incluso cuando estamos detenidos (vértigo)
  • Palidez, sudores fríos, náuseas y arcadas.
  • Y por último, el más temible, el deseo inminente de vomitar, localizado en la garganta o en la porción superior del estómago.

Algunas recomendaciones

  • Evitar comer o realizar una comida ligera a base de líquidos. Procurar no beber alcohol ni fumar
  • Vestir con ropa ligera, cómoda y holgada
  • No realizar ninguna actividad que requiera tu atención en un punto fijo del interior del vehículo.
  • Mirar hacia adelante mejor que hacia los lados
  • Intentar situarse en los asientos centrales de los barcos o aviones, en el asiento del copiloto en el coche o en los asientos delanteros en los autobuses
  • Procurar que el conductor no haga movimientos bruscos, acelere o frene bruscamente o coja las curvas con mucha velocidad
  • Si comienza a sentir los primeros síntomas, inspirar rápida y profundamente para aliviar la sensación de náuseas, intentar mantener la vista fija y no en objetos móviles.
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