Eje intestino-cerebro

Se acerca ese gran examen para aprobar la oposición y el estrés “lo sientes en el estómago” o conoces al amor de tu vida y las mariposas revolotean en tu estómago.

Si estas sensaciones ocurren en la cabeza, ¿por qué se sienten de manera tan intensa en la zona del estómago?

Por otro lado, ¿por qué cuando tenemos hambre y nos “suenan las tripas”, nos sentimos de mal humor, nos cambia el estado de ánimo?

Eje intestino cerebro

Igual que una pareja que lleva años viviendo juntos, el eje intestino-cerebro es una relación muy estrecha que mantiene una comunicación bidireccional y dinámica.

De hecho, se sigue investigando por qué y cómo están conectados el intestino y el cerebro.

La conexión nerviosa entre el intestino y el cerebro permite destacar que los sentimientos influyen en las molestias intestinales y que las bacterias intestinales que conviven con nosotros influyen en nuestros sentimientos.

El intestino el “segundo cerebro” del organismo

conexión entre intestino y cerebro

El cerebro es uno de los órganos más importantes del cuerpo. Se encarga de controlar las funciones del cuerpo y tiene la capacidad de tomar decisiones.

Sin embargo, el intestino se puede considerar como el segundo cerebro de nuestro cuerpo ¿por qué?

  • La función del intestino va más allá de procesar los alimentos y bebidas que tomamos a diario. Influye en nuestro estado de ánimo y hasta en el sueño.
  • Tiene la capacidad de tomar decisiones sin depender del cerebro, es decir, es autónomo. De hecho, cuenta con el sistema nervioso entérico que está constituido por unos 200 millones de células nerviosas y está encargado de controlar las funciones gastrointestinales del aparato digestivo. Se comunica con el sistema nervioso central para advertir, por ejemplo, de la saciedad o el hambre.
  • Un intestino saludable es fundamental para la inmunidad. Si se tiene problemas intestinales, es posible que se tenga mayor probabilidad de desarrollar enfermedades como gripe, alergias, irritabilidad o incluso falta de sueño.
  • Es un reflejo de tus emociones. El mayor porcentaje de serotonina se encuentra en el tracto gastrointestinal lo que explica que una jornada estresante puede alterar el sistema digestivo.

 

¿La microbiota tiene algo que ver?

El funcionamiento del eje intestino-cerebro depende de la microbiota. Tiene importancia en procesos relacionados con el sistema nervioso, con su funcionamiento y con la psicología y el comportamiento.

serotonina hormona controlada

Los microorganismos producen sustancias que, tras atravesar el epitelio intestinal, llegan a la sangre y, tras cruzar la barrera hematoencefálica, alcanzan el cerebro.

A su vez, el propio sistema nervioso también puede actuar sobre las bacterias beneficiosas que forman la microbiota, modulando sus concentraciones, diversidad y crecimiento.

Entre los protagonistas de la comunicación entre la microbiota, el intestino y el cerebro están los ácidos grasos de cadena corta, como el butirato; neurotransmisores, como la serotonina y el GABA; hormonas, como el cortisol y moduladores del sistema inmunitario.

La disbiosis es un desequilibrio que se produce en la microbiota residente en nuestro organismo debido a cambios cuantitativos y cualitativos de su composición, cambios en su funcionamiento o actividades metabólicas o cambios en su distribución.

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Estos cambios pueden ser consecuencia del efecto de los tratamientos antibióticos, modificaciones en la dieta o el estrés físico o psicológico, entre otras, lo que puede llevar a una inflamación de base que hace disminuir los mecanismos de defensa o una disminución en la producción de serotonina y dopamina.

Estas razones llevan a pensar que la microbiota puede llegar a considerarse, en cierta medida, responsable de diferentes enfermedades neurológicas como la esclerosis múltiple, el trastorno déficit de atención, enfermedad de Parkinson o incluso la enfermedad de Alzheimer.

Al revés ocurre lo mismo, el estrés crónico afecta a la mucosa intestinal y a su motilidad (diarrea, estreñimiento) y esto provoca la destrucción e inflamación de la mucosa lo que afecta a la microbiota, provocando una disbiosis.

¿Cómo se conectan?

La conexión entre el cerebro y el intestino es a través de un complejo sistema de comunicación.

Esta red de comunicación se realiza a través de las vías neuronal, metabólica, hormonal e inmunitaria. Incluye al sistema nervioso central, el sistema nervioso autónomo, el sistema nervioso entérico, el sistema neuroendocrino y la microbiota:

  • En el intestino. Donde se encuentra el sistema nervioso entérico, nuestro “cerebro abdominal “, en cooperación con el “cerebro de la cabeza” regula, entre otras cosas, la motilidad intestinal, el flujo sanguíneo en el tracto digestivo y también la función inmunológica del intestino.
  • Las hormonas. Los mensajeros del sistema nervioso también desempeñan un papel importante en el eje intestino-cerebro. En el intestino se producen más de 20 hormonas, entre ellas la mayor parte de la serotonina, el mensajero responsable de la sensación de felicidad y buen humor. Además, la serotonina es el precursor de la producción de la hormona del sueño, la melatonina, que garantiza un sueño reparador.
  • La circulación sanguínea y el sistema inmune. La microbiota y sus metabolitos (los ácidos grasos de cadena corta) pueden estimular los glóbulos blancos y dar lugar a un incremento en la producción de citoquinas, las cuales pueden atravesar la pared intestinal y pasar la barrera hematoencefálica llegando al cerebro.
  • Otra de las vías de comunicación son las bacterias que conforman la microbiota intestinal que producen neurotransmisores. El intestino y el cerebro se comunican a través del nervio vago, lo que hace que se trate de un sistema de comunicación bidireccional. Alteraciones en el eje producen cambios en la microbiota y alteraciones en la microbiota afectan al eje.

Partes del eje intestino-cerebro

¿Cómo mejorar esta conexión?

  • Una microbiota sana y equilibrada refuerza la barrera intestinal regulando la entrada de moléculas y organismos en nuestro cuerpo.
  • La dieta también influye, es decir, una dieta variada y equilibrada contribuye a aportar las cantidades adecuadas de nutrientes para nuestro organismo, en general, y al eje intestino-cerebro, en particular.
  • Otro aspecto para tener en cuenta es el control del estrés y la ansiedad mediante técnicas de relajación, de respiración y mindfulness, entre otras.
  • También está demostrado que la práctica de ejercicio regular moderado contribuye a una microbiota sana.
  • El papel de los simbióticos puede ser una importante terapia complementaria ya que contribuyen a aportar aquellas cepas que han demostrado su eficacia para reequilibrar la microbiota en pacientes con trastornos neurológicos.

El cuerpo humano, una máquina perfectamente interconectada.

BIBLIOGRAFIA
https://www.esi.academy/wp-content/uploads/eje-mb-intest-cereb-proyecciones.pdf

Ldo. José Manuel García Raboso
Ldo. José Manuel García Raboso
Licenciado en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid con la Especialidad de Bioquímica. Siempre ha estado unido al sector farmacéutico y al contacto directo con el cliente, bien en Oficina de Farmacia o en diferentes Laboratorios farmacéuticos como AstraZeneca, Salvat o Lacer.
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