Qué es la somnolencia, qué la causa y cómo tratarla

¡Vaya temporada que estoy atravesando! Puedo confirmar que si tenía dudas sobre qué es la somnolencia, ahora la estoy sufriendo en mis propias carnes.

No sé cuáles pueden ser las causas. ¿El estrés excesivo? ¿Las cargas familiares? ¿El cambio de turno en el trabajo? ¡Ni idea! Lo que tengo claro es que, durante el día, me quedo dormido en cualquier sitio.

¿Por qué dormimos?

Bremer fue uno de los primeros en formular una teoría para entender el proceso del sueño. En ella explicaba que había unas zonas del cerebro que estaban excitadas y que a lo largo del día se iban agotando hasta que se desactivaban por “fatiga”, con lo cual llegaba la hora de dormir. Se entendía el proceso como aquel famoso conejo que anunciaba unas pilas y que, por agotamiento, se paraba.

Eran los comienzos y el concepto de por qué dormimos ha evolucionado a lo largo de los años.

Actualmente, se habla del sueño como un proceso de inhibición activa, es decir, hay una parte del cerebro que se encarga de desactivar otras zonas del cerebro. Pero, realmente, el cerebro no duerme, sino que cambia la forma de estar despierto.

 

Se necesita dormir

 

Cuando se habla del proceso de dormir, realmente es un estado fisiológico y natural en el que el nivel de alerta y vigilancia se encuentra disminuido. A nivel externo puede dar la sensación de que ese estado de alerta ha desaparecido, pero a nivel interno el cuerpo no para, sigue funcionando prácticamente al mismo nivel o con la misma complejidad que sucede durante la vigilia.

Durante las horas de sueño, el ritmo cardiaco y la presión arterial disminuyen. La respiración también se ralentiza.

Durante las distintas fases que se repiten durante el sueño, también se produce un control de la temperatura, las células cerebrales se encargan de la reparación de las conexiones neuronales, se secretan hormonas importantes como la del crecimiento, el sistema inmunitario se refuerza y se afianzan los recuerdos, entre otras cosas.

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Tan malo es dormir mucho como poco

Aunque se intuye qué acciones se realizan durante el sueño, la verdad es que no se sabe a ciencia cierta por qué dormimos. Ahora bien, lo que está claro es que, si no se duerme adecuadamente, nuestro organismo se resiente y enfermamos. Pero lo más curioso es que hay que tener mucho cuidado en el número de horas que abrazamos a Morfeo porque tan malo es dormir poco como dormir mucho.

Para un adulto joven y sano, se recomienda entre 7 y 8 horas al día. En ese sentido, hay estudios que han demostrado que dormir menos de esas horas recomendadas aumenta un 12% el riesgo de padecer muerte prematura y si se duerme por encima de esas horas, ese porcentaje asciende a un 30%.

Cuando no se duerme lo suficiente, pueden surgir complicaciones endocrinas, metabólicas, psicológicas, inmunológicas, psicomotoras… Incluso aumenta el riesgo de hipertensión y la probabilidad de ictus o demencia. También puede agravar o aumentar la probabilidad de desarrollo de otro tipo de enfermedades como la enfermedad de Parkinson o posiblemente el Alzheimer.

En el lado opuesto, dormir más de nueve o diez horas diarias altera la capacidad cognitiva, parece afectar especialmente al razonamiento y la capacidad verbal, envejece el cerebro y puede favorecer el deterioro mental, genera más somnolencia, facilita la aparición de alteraciones metabólicas y endocrinas, aumenta la probabilidad de ictus, de padecer depresión, en definitiva, un peor estado de salud general y menor esperanza de vida.

 

No es bueno dormir poco

La somnolencia, un peligro para la salud…

De los múltiples trastornos del sueño, se encuentra el de la somnolencia. La somnolencia o fatiga diurna consiste en la incapacidad para mantener la vigilia por un deseo inevitable de dormir, aun siendo consciente que, en determinadas circunstancias, puede suponer un riesgo.

Estas personas que lo padecen tienen muchas dificultades para conducir un vehículo, mantener la atención en reuniones o tener conversaciones fluidas con personas de su entorno.

El trastorno de somnolencia es una alteración del ritmo circadiano, lo que da pie a que quien lo padece se quede dormido en cualquier lugar, sin importar la actividad que esté realizando. Incluso no importa el momento, sucede incluso nada más despertar de una buena noche de sueño. Básicamente, se trata de un exceso de una necesidad básica.

Dos tipos de somnolencia

Habitualmente, la somnolencia se divide en dos tipos:

Somnolencia subjetiva

A veces, un bostezo es suficiente para entrar en ese estado de cansancio cuya única solución es la de dormir. Es decir, se trata de una sensación subjetiva como consecuencia de factores externos o predisposición como la pérdida de concentración, caída de párpados o la incapacidad de resolver tareas cotidianas.

Somnolencia objetiva

En este caso, se trata de un proceso medible que va a determinar la propensión real para dormirse. Un electroencefalograma o un oculograma pueden detectar y determinar la gravedad de este proceso.

 

 

¿Cuáles son los motivos de este trastorno?

Las causas por las que se genera este proceso son variadas, pero se pueden distinguir dos grupos fundamentales:

Causas Primarias

  • Narcolepsia: se trata de un estado de somnolencia excesiva que aparece en forma de procesos agudos
  • Hipersomnia idiopática: El motivo por el que aparece la somnolencia se desconoce, eso sí, una vez que se queda dormido es muy difícil despertarlo.

Causas Secundarias

Entre las causas secundarias están implicados desarreglos hormonales, alteración en la oxigenación o un desequilibrio en los ritmos circadianos:

  • Apnea obstructiva del sueño: la falta del aporte correcto de oxígeno durante la noche, condiciona el transcurso del día. Son pacientes que duermen mal y, por ello, se sienten cansados durante el día.
  • Jet lag: los viajes transoceánicos que atraviesan diferentes husos horarios dan lugar a posibles alteraciones del ritmo circadiano. Aunque es pasajero, es cierto que puede dar lugar a unos días de cansancio diurno.
  • Síndrome del trabajador de horario nocturno: sin duda, las personas que trabajan de noche o trabajan por turnos pueden ver alterado su ciclo vigilia-sueño.
  • Accidentes cerebrovasculares: pueden provocar secuelas neurológicas entre las que se encuentra la somnolencia
  • Meningitis y encefalitis: la presión del tejido cerebral también puede alterar el reloj biológico.
  • Enfermedades psiquiátricas: pueden provocar que quien las padece se pase noches sin dormir, lo que dará pie a un cansancio manifiesto durante la jornada laboral. La depresión y la ansiedad son las principales y frecuentes enfermedades psiquiátricas que pueden cursar con este trastorno a corto plazo.

 

Plantas para ayudarnos a dormir

¿Cómo tratar la fatiga diurna?

La adopción de unas medidas higiénico-dietéticas puede ser el primer paso para evitar la somnolencia:

  • Practica la siesta. No más de 20 minutos, lo que puede a ayudar a superar el resto de la jornada sin sueño.
  • Establece un horario de sueño. Las 7 u 8 horas deben ser tu prioridad.
  • No duermas diferente de lunes a viernes frente al fin de semana. Es importante acostarte y levantarte siempre a la misma hora.
  • Aliméntate correctamente. Evita los excesos, no te saltes las comidas y reduce el consumo de grasa.
  • Hidrátate a conciencia. La deshidratación es otra causa de la somnolencia.
  • Café sí, alcohol no. El café te puede ayudar durante el día a mejorar la concentración y la capacidad de atención. Todo lo contrario que el consumo de alcohol.
  • Ejercicio regular, una sana opción. Hazlo de manera regular y conseguirás un sueño de calidad.
  • Ante los primeros síntomas de sopor, muévete. Da un paseo, que te de el aire. Esto permitirá despejarte.
  • Recurre a complementos naturales. Para conseguir que el ciclo vigilia-sueño se normalice, la opción de tomar productos que contengan melatonina, plantas medicinales, minerales y vitaminas puede ser interesante y contribuir a una buena inducción del sueño y que el sueño sea reparador. Tienes muchas opciones, en comprimidos, gotas o spray. ¡Tú decides!

¡Que nada te impida disfrutar a tope del día!

BIBLIOGRAFIA
https://www.acnweb.org/guia/g1c03i.pdf

Ldo. José Manuel García Raboso
Ldo. José Manuel García Raboso
Licenciado en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid con la Especialidad de Bioquímica. Siempre ha estado unido al sector farmacéutico y al contacto directo con el cliente, bien en Oficina de Farmacia o en diferentes Laboratorios farmacéuticos como AstraZeneca, Salvat o Lacer.
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Descanso sano