Infecciones urinarias en mujeres, ¿por qué son más propensas?

¿Qué son las infecciones urinarias?

Las vías urinarias pueden sufrir la colonización de bacterias patógenas que producen infección e inflamación del tramo afectado. En general, a esto lo denominamos infecciones del tracto urinario (ITUs). Dentro de las ITUs podemos hablar de uretritis cuando afecta a la uretra, o sea al conducto que lleva la orina desde la vejiga hasta el exterior, o de cistitis, cuando la zona afectada es la vejiga. Esta última es la ITU más habitual en la mujer.

El término cistitis hace referencia a la inflamación de la vejiga urinaria, habitualmente de causa infecciosa. Cursa con síntomas como sensación repentina de tener que orinar urgentemente, dolor-escozor al orinar, incontinencia y dolor en la zona del pubis. Puede haber fiebre, pero no es frecuente. En ocasiones hay cambios en el color y el olor de la orina, volviéndose más oscura y con un olor más fuerte.

Más del 50% de las mujeres presentará al menos un episodio de cistitis en su vida y aproximadamente un tercio de las mujeres afectas de ITU presentarán recurrencias (2 o más infecciones en 6 meses o 3 o más infecciones en un año). Lo habitual es que se trate de ITUs no complicadas, por lo que, en principio, cabe esperar su total resolución.

 

Prevenir la cistitis cronica

¿Por qué son más frecuentes las infecciones en mujeres?

La clave está en la anatomía y en cómo se producen las cistitis. La mayoría de las cistitis se generan por vía ascendente, es decir, la bacteria patógena entra por la uretra y asciende hasta la vejiga. Pero, ¿de dónde viene esta bacteria?

Habitualmente las cistitis están producidas por microorganismos procedentes de la zona del colon (especialmente la bacteria denominada Escherichia Coli). Estos gérmenes, aunque son potencialmente patógenos, viven en nuestro intestino; allí no producen patología porque están controladas por nuestras bacterias beneficiosas, o sea por la microbiota intestinal.

La microbiota intestinal consigue que las bacterias patógenas no proliferen y que se mantengan en un número suficientemente pequeño para que no sean capaces de producir enfermedad. Si este equilibrio se altera, entonces la E. Coli sí puede producir una infección y aparecerán los síntomas correspondientes, bien en el propio aparato digestivo, en forma de gastroenteritis o en otras regiones a distancia.

Como se producen las infecciones de orina en las mujeres

 

Aquí es cuando hay que tener en cuenta la anatomía de la mujer, concretamente de la zona perineal, o sea del espacio comprendido entre el ano (el orificio de salida del aparato digestivo) y el meato uretral (el orificio de salida del aparato urinario).

La distancia entre ellos no es demasiado grande, por lo que las bacterias pueden recorrer fácilmente este espacio, sobre todo si son “ayudadas”, por ejemplo, por unos hábitos higiénicos inadecuados, como hacer la limpieza tras la defecación de atrás hacia adelante.

Así que, si la E. Coli ha conseguido crecer, burlando el control de la microbiota intestinal y ha logrado llegar hasta la uretra, puede ascender y llegar hasta la vejiga. Allí, literalmente, se ancla a las paredes vesicales, gracias a unos órganos de fijación que posee y que se denominan fimbrias. Este anclaje evita que sea arrastrada y expulsada por la orina, lo que le permite proliferar y producir la inflamación en la vejiga.

En los hombres también podría ocurrir, lo que pasa es que su uretra es de mayor longitud, por lo que la dificultad para que la bacteria llegue hasta la vejiga es mayor y por eso estas infecciones son mucho menos frecuentes.

 

Factores de protección

No todo van a ser malas noticias para las mujeres. La anatomía femenina nos predispone a padecer cistitis pero también nos brinda un factor de protección: la microbiota vaginal.

El orificio de la vagina se encuentra situado entre la uretra y el ano. En la vagina viven unas bacterias beneficiosas que constituyen la llamada microbiota vaginal. Estas bacterias producen unas sustancias que acidifican la zona.

Los microorganismos intestinales son muy sensibles a la acidez vaginal, por lo que un pH bajo, dificulta su progresión hasta la uretra y por tanto su llegada a la vejiga. O sea, que las bacterias beneficiosas del intestino ayudan a que las bacterias patógenas no proliferen y las bacterias vaginales impiden su migración. Por eso los probióticos intestinales y los probióticos vaginales (tomados por vía oral) pueden ser una gran ayuda en la prevención de la aparición de cistitis.

 

 

Factores de riesgo

Sí, nuestras microbiotas vaginal e intestinal nos protegen frente a las infecciones urinarias, pero hay que conocer también los factores que favorecen estas infecciones para poder evitarlos.

Algunos de ellos no se pueden modificar, como el hecho de que la uretra de la mujer sea de poca longitud o las características propias de las bacterias que producen la infección. Tampoco se pueden modificar algunos estados hormonales de la mujer, por ejemplo, durante la menopausia, el adelgazamiento de la mucosa vaginal cambia las condiciones de vida para las bacterias beneficiosas y eso puede aumentar la probabilidad de aparición de las cistitis.

Pero también existen factores modificables, es decir, algunos hábitos o determinadas circunstancias que podemos cambiar para disminuir la probabilidad de aparición de ITUs.

 

Mas cistitis en mujeres que en hombres

 

¿Cómo prevenir la cistitis?

Si nuestro mejor aliado en la protección frente a las infecciones urinarias es la microbiota vaginal, las acciones más importantes en este sentido van a ir encaminadas a mantener el equilibrio de estas poblaciones bacterianas. Vamos a ver algunas de estas recomendaciones:

  • Las cepas probióticas vaginales, que se pueden tomar por vía oral, son muy útiles para reestablecer el equilibrio de la microbiota vaginal. Sobre todo tras la administración de antibióticos.
  • No utilizar espermicidas ni jabones agresivos. No realizar duchas vaginales
  • Mantener la zona perineal con humedad favorece la proliferación de bacterias patógenas, por lo que hay que cambiar el bañador al salir del mar o la piscina.
  • Otras actividades diferentes al baño también pueden producir humedad en la zona, como por ejemplo hacer deporte. Tras el ejercicio hay que cambiarse de ropa interior, para evitar que el sudor altere el equilibrio bacteriano.
  • Es conveniente utilizar ropa interior de algodón pues las prendas de tejidos naturales favorecen la transpiración y evitan la humedad.
  • Las relaciones sexuales son un factor de riesgo de padecer ITU ya que facilita tanto la colonización periuretral por E. coli como el ascenso de la misma hasta la vejiga. Por eso se recomienda orinar antes y después de las relaciones sexuales para eliminar las bacterias que hayan podido llegar hasta la uretra.

Pero no solo hay que cuidar la zona vaginal si, al fin y al cabo, la infección acabará desarrollándose en la vejiga. Es importante también cuidar este órgano. Aquí, las principales recomendaciones son:

  • Beber 1.5 a 2 litros de agua a lo largo del día. Esto aumenta la diuresis y contribuye al arrastre de las bacterias que hayan conseguido llegar hasta el tracto urinario.
  • Nunca hay que aguantarse las ganas de orinar, ya que cuando la orina permanece por mucho tiempo en la vejiga se pueden desarrollar las bacterias que causan la cistitis.
  • La limpieza tras defecar debe hacerse siempre de delante hacia atrás, pues hacerlo en el sentido contrario facilita la llegada de bacterias intestinales a la uretra.

¿Y si aun así tengo cistitis?

Si aparecen síntomas como dolor o escozor al orinar, sensación de tener ganas constantes de ir al baño o dolor en la zona baja del abdomen hay que sospechar una cistitis. A veces puede aparecer también fiebre e incluso pequeñas cantidades de sangre en la orina.

El médico hará el diagnóstico preciso y valorará el tratamiento más adecuado. En muchas ocasiones prescribirá un antibiótico, pero también existen otros principios activos que pueden ser de utilidad:

  • El uso de probióticos tiene un efecto coadyuvante en el tratamiento de las infecciones del tracto urinario. Consiguen el reequilibrio de la microbiota intestinal y vaginal. Los probióticos cada vez se están utilizando más en la prevención de las recidivas y reinfecciones de las infecciones urinarias.
  • Extracto rojo de arándano rojo americano, extracto de semilla de uva y D-Manosa: Para anclarse a las células de la mucosa vesical y poder producir la infección (cistitis), la E. coli, posee unos órganos de anclaje o fimbrias. Algunas sustancias como la D-Manosa o las proantocianidinas presentes en los arándanos o la semilla de uva, son capaces de unirse a estas fimbrias e inutilizarlas, impidiendo así el anclaje de la bacteria a las paredes de la vejiga. La bacteria que no se ancla es arrastrada por la orina y eliminada.
  • Algunos extractos vegetales como los de brezo o uva ursi (gayuba) tienen propiedades diuréticas (contribuye al arrastre de las bacterias presentes en la vejiga), bactericidas y antiinflamatorias, lo que contribuye a disminuir los síntomas de cistitis.

Como vemos, tenemos bastantes aliados que nos ayudan a evitar la aparición de las molestas infecciones de orina.

 

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Dra. M. Magdalena Mejias Moreno
Dra. M. Magdalena Mejias Moreno
Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente trabajo como Gerente dentro del departamento Médico en Laboratorios Heel España y soy autora de artículos en revistas y blogs y he escrito algunos libros de divulgación científica sobre nutrición y salud.
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